El patrimonio de Castilla y León

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lunes, 15 de octubre de 2007

Artículo de opinión

LA COLEGIATA
Juan Jesús Rodero

La Opinión de Zamora, 15 octubre 2007

Pese a que en España tenemos un refrán de lo más ilustrativo y práctico referente a que más vale prevenir que lamentar, es uno de los países menos previsores según denotan los datos. Basta con asomarse al drama de los accidentes de tráfico o de los accidentes laborales para comprobarlo, pues en pocos lugares se pueden hallar índices tan elevados de percances y de víctimas. Aquí tiene que suceder una desgracia para que, entonces sí, por parte de las autoridades competentes -incompetentes- se tomen las medidas oportunas. Pero ya es demasiado tarde.

Y si no hay desgracia que lamentar, las cosas cambian y las medidas se tornan ya más lentas a expensas de informes y demás trámites administrativos y burocráticos. La vida está llena de ejemplos cotidianos y constantes. No hace tanto, en la ciudad zamorana de Toro se desprendió y cayó un bolo de la espadaña de la Colegiata. Hubo suerte y el desplome no causó daño alguno. Mas el suceso ha servido, desde ese momento, para actualizar y remover una situación que se prolonga y sobre la que desde hace tiempo, al parecer, no se viene actuando.

El caso es que la Comisión del Patrimonio, como se ha documentado, ha alertado con anterioridad sobre el deterioro que sufre la Colegiata, lo más visitado de Toro por los turistas, avisando del estado de conservación, que calificó de inquietante, de gran parte de los motivos ornamentales del exterior del monumento, con el riesgo consiguiente. Y el caso es también que para la Colegiata existe un Plan Director que ha caído por completo en el olvido, según ha denunciado la oposición socialista del Ayuntamiento toresano, lo que resultaría una evidencia más del abandono que la Junta está demostrando hacia Toro y hacia la Colegiata en concreto.

Desde la Junta, por supuesto, se niega en rotundo que así sea, y se afirma que tras la caída del bolo se personaron en el lugar los técnicos para hacer el informe correspondiente, en base al cual se ponderarán los tiempos de intervención. Pues, muy bien, pero esperemos que mientras no se desplome otro bolo, u otro elemento cualquiera de esos en mal estado, y vaya a caer sobre alguien. Lo cierto es que el asunto, pese a no ser intrascendente, no ha impresionado en la consejería de Cultura, que atiende estas cuestiones, y se lo toman con calma. Tanta, que en los presupuestos ni un euro.

Sería bueno que el alcalde de Toro, que es de su partido, y que tanta prisa mete luego al Gobierno de la nación en otros temas, le urgiese un poco a la nueva consejera y antes presidenta del Consultivo ese del que ya van a poner la primera piedra en Zamora, qué bien. Por lo dicho: que más vale prevenir, etcétera. Y porque es una lástima que una ciudad como Toro, tan cargada de historia y de arte, tan bonita, tan señorial y con tanta clase no goce como debiera de todo el apoyo de las instituciones, que deberían volcarse en cuidar el rico y variado patrimonio cultural toresano y de toda la provincia que, en numerosos casos, está precisando de atenciones que frenen su natural deterioro.

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