El patrimonio de Castilla y León

Página dedicada al estado del patrimonio histórico y cultural de Castilla y León

domingo, 30 de noviembre de 2008

Templos en Burgos

150 IGLESIAS ESTÁN EN RUINAS Y OTRAS TANTAS AMENAZAN CON CAERSE
. Sin fondos. Si rehabilitara todos los templos, la Diócesis «se arruinaría».
. Los ingresos por los aerogeneradores y cotos de caza permiten a algunos pueblos salvar sus iglesias


I. Elices
Diario de Burgos
Florecieron entre los siglos XII y XV, cuando la Iglesia desplegó todo su poderío económico para extender la fe católica y cuando los pueblos aún no habían sucumbido al dominio de las ciudades. Siglos más tarde, las cosas han cambiado y las iglesias de la provincia se caen a pedazos. La cifra es preocupante. Cerca de 150 templos, de los 1.200 que hay en Burgos, están declarados en estado de ruina y ya no se puede celebrar culto.
Es cierto que muchos están en municipios prácticamente deshabitados. Pero en los últimos meses varios ayuntamientos han advertido a la Diócesis burgalesa del mal estado de conservación de algunas iglesias y de su obligación de conservarlas como propietaria de los inmuebles. Los casos de Quintanilla Escalada o Mozoncillo son los más recientes, según explica Javier Gómez Oña, secretario de la Comisión de Templos. Pero la Iglesia poco puede hacer más allá de declarar la clausura del templo y vallar el perímetro del edificio para evitar accidentes en caso de desprendimiento. «Si nos obligaran a hacer obras para mantenerlos en pie nos arruinaríamos», asegura Gómez Oña.
Algunos ayuntamientos, incluso, acompañan el informe de ruina con un proyecto de derribo, pero la Diócesis no puede tirar las iglesias, «porque aunque tengan poco interés artístico no dejan de ser monumentos». El convenio entre el Arzobispado, la Diputación y la Junta está dotado de un presupuesto que da para intervenir en 60 iglesias al año, «pero son las de mayor valor artístico y además situadas en municipios con un número importante de habitantes». De este modo, siempre hay templos -algunos de gran valor- que se quedan sin restauración. De los 150 en ruinas, más de una cuarta parte, según Gómez Oña, tienen valor artístico.
La despoblación es la principal causa del deterioro de estos edificios religiosos. La mayoría de los municipios con su iglesia en ruinas o están deshabitados en invierno como mucho hay dos o tres vecinos». Así que, en verano, cuando llegan los hijos que emigraron a la ciudad, «tienen que oír misa en la ermita más próxima si la tienen -como el caso de Castromorca-, en los pueblos de alrededor o incluso en las eras si hace buen tiempo». En Barrios de Colina, por ejemplo, han acondicionado un saloncito del Ayuntamiento para celebrar el culto. Han colocado algunas imágenes y han improvisado un pequeño altar. Y en otros casos han tapiado la parte en mal estado y han acondicionado al culto «la parte sana».
Al despoblarse, esas localidades se quedan sin recursos y por tanto no pueden llevar a cabo los necesarios trabajos de conservación y mantenimiento que requieren estos edificios tan antiguos. «La mayor parte de esas labores se financiaban con el dinero del cepillo, con colectas especiales o con contribuciones particulares; pero ahora ¿de dónde se saca el dinero si no hay apenas gente?, y la Diócesis no puede con todo», asegura Gómez Oña. Del mal estado de las arcas de la Iglesia da fe el hecho de que en el convenio con la Junta y la Diputación, que se renueva este año, el Arzobispado ha tenido que reducir de 400.000 a 200.000 euros su contribución.
Y además en los pueblos habitados «no hay gente joven» y por tanto los párrocos no tienen a quien acudir cuando es preciso realizar pequeños arreglos en las iglesias. «No hay nadie que pueda subirse a una escalera para arreglar una gotera», explica el secretario de la Comisión de Templos. Y esas goteras empiezan siendo una anécdota pero terminan siendo «la causa principal del hundimiento de las bóvedas».
Robos
Los pueblos se vuelven inseguros al deshabitarse. Y las iglesias son pasto de los ladrones. Por supuesto, lo primero que hace la Iglesia cuando observa que los templos corren peligro -sobre todo las obras de arte que atesoran- se llevan todos los bienes muebles para mantenerlos alejados de los cacos. Los ladrones a veces no buscan objetos de gran valor. En Hozabejas, por ejemplo, se han llevado la puerta de la iglesia en dos ocasiones. Y ni los ladrillos logran disuadir a los amantes de lo ajeno. En Monasterio de Rodilla, el Ayuntamiento ordenó a la Diócesis tapiar la entrada. Pues bien, días más tarde apareció agujereada.

Las iglesias clausuradas están en diferentes estados de ruina. Algunas en ruina total; la mayoría en semirruina, y otras en ruina incipiente. Éstas ya se han caído o presentan claros síntomas de deterioro que han obligado a su cierre. Pero lo grave es que además de éstas otras 150 corren peligro en la próxima década «si no se ponen los medios suficientes para evitarlo», advierte Gómez Oña.Las administraciones «hacen lo que pueden, aunque quizá la Junta pueda hacer algo más» y la Diócesis «no tiene más dinero», afirma. Algunas iglesias se están logrando restaurar «gracias a los aerogeneradores». El sacerdote se explica. «Como están proliferando las instalaciones de molinos algunos ayuntamientos, que hasta ahora apenas tenían ingresos, están logrando recaudar fondos vía impuestos y algunos de ellos los están destinando a rehabilitar las iglesias», indica. Es el caso de Acedillo, por ejemplo. El dinero que recaudan los pueblos por los cotos de caza «también está siendo una fuente de ingresos que se dedica a la restauración de templos», añade.
Son algunas de las soluciones que últimamente están surgiendo para recuperar el patrimonio burgalés. Pero no es suficiente. Gómez Oña hace un llamamiento también a aquellos que en verano acuden a ‘su pueblo’ «y quieren ver su iglesia bonita» para que contribuyan económicamente a su mantenimiento. «A veces llegan aquí y nos acusan de abandonar la iglesia de su pueblo, de no invertir, pero nosotros les decimos que no tenemos dinero», se defiende Gómez Oña.

Este sacerdote está preparando un libro en el que describe la totalidad de los templos de la provincia «con el fin de que las generaciones futuras conozcan la riqueza artística que atesoraban los pueblos burgaleses».
Foto: Iglesia en Castromorca (Patricia).

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