El patrimonio de Castilla y León

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miércoles, 21 de noviembre de 2007

El peatón

NO HAY SABIOS *

Por Braulio Llamero

* La Opinión de Zamora

Por si alguien esperaba aún tal milagro, se le habrá despejado cualquier duda tras el pleno de las Cortes Regionales: la Junta jamás rectificará su lamentable destitución de Navarro Talegón como comisionado de Patrimonio. Rectificar, para un político, equivale a reconocer haber errado. Y eso podría llevar a que alguien pidiese acto seguido alguna dimisión. ¡Horror! La palabra maldita, la única que quita el sueño a quien tiene un alto cargo. Hemos querido la mayoría de los articulistas salvar a la consejera Salgueiro de tan antológica metedura de pata al inicio de su mandato. Pero parece que nuestro empeño ha sido vano. Su defensa a ultranza, sin un solo argumento, de la destitución de Navarro Talegón nos deja con los adjetivos al aire. Asumió encantada los hechos e incluso se permitió la humorada -de pésimo gusto- de hablar de la "exposición del señor Navarro", en referencia a "Legados", como si en verdad aquella muestra no hubiera sido otra cosa que un capricho tonto del ex comisionado. Realmente descorazonador el desconocimiento que sobre esta provincia, sobre Navarro Talegón, sobre Patrimonio y sobre exposiciones de auténtica categoría, demuestra con tales términos la flamante consejera de Cultura de la Junta. Se nota, ay, que sus estancias en Zamora se reducían al menguado horario laboral de los escasos días que la cúpula del Consultivo tiene que trabajar -y lo del verbo, también es un decir-.
Por lo demás, era de tontos esperar algún tipo de rectificación, ni siquiera al ver los de la Junta que el clamor zamorano era casi unánime y desde luego lo suficientemente general como para encender alguna luz roja de alarma. Las mayorías absolutas anestesian a los gobernantes. Da lo mismo que se llamen Lucas que Herrera, Chaves que Ibarra, Bono que Lanzarote (alcalde salmantino este último y a quien se le acaba de levantar la ciudad entera o casi). Y los gobernantes anestesiados pierden la capacidad de ver el instante en que traspasan el umbral de lo tolerable para sus gobernados. Por eso no oyen nada, aunque les grite el mundo entero. Rectificar, en fin, siempre fue cosa de sabios. Y reto al más "pepero" de mis lectores a que busque y rebusque entre los altos cargos de la Junta, incluido el presidente, incluido el último de los directores generales, a ver si encuentra uno, aunque sea uno solo, que parezca sabio, que esté sobrado de inteligencia, preparado al máximo nivel, competente como nadie. ¿En qué cabeza cabe, pues, esperar ni la sombra de una rectificación? Los de la Junta del abogado burgalés jamás cometen errores. Y si la realidad dice otra cosa: peor para la realidad. Así nos luce.

http://www.llamero.net/

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