El patrimonio de Castilla y León

Página dedicada al estado del patrimonio histórico y cultural de Castilla y León

sábado, 6 de junio de 2009

Via crucis en Aliste

UN CALVARIO QUE PIDE OXÍGENO
El crucero de Rabanales se encuentra muy deteriorado y encajonado entre materiales de construcción que ocultan la belleza del vía crucis, uno de los más importantes de la zona


La Opinión de Zamora
Zamora cuenta con una patrimonio artístico y cultural envidiable. Lástima que en muchos casos se encuentre abandonado y escasamente valorado. El licenciado en Historia Moderna, José Lorenzo Fernández Fernández, denuncia en este artículo la situación en que se encuentra el Calvario de Rabanales, aprisionado entre pilas de ladrillos. El historiador defiende la «puesta en valor» del patrimonio alistano, una comarca con grandes posibilidades en esta materia.

José Lorenzo Fernández
Si por algo se caracteriza nuestra provincia, según todos los expertos, es por su patrimonio (natural, cultural, arquitectónico, etc), todos están de acuerdo que es un importante activo que debemos poner en valor facilitando eso que ha venido en llamarse "desarrollo endógeno" de las comunidades rurales. Pero al margen de cualquier disquisición seudoeconómica nuestro patrimonio merece conservarse por sí mismo; cada pueblo, cada comunidad de vecinos tiene la obligación de conservar su pasado integrándolo en el presente, porque patrimonio es la herencia de nuestros antepasados y como "herederos responsables" tenemos el deber y la obligación de velar por ese legado. A todos y cada uno de nosotros, dentro de nuestras posibilidades, nos corresponde la tarea de su conservación. Si conseguimos este primer objetivo, el segundo escalón será la puesta en valor, darlo a conocer, en primer lugar a la comunidad más cercana: nuestro pueblo y en segundo lugar al resto de ciudadanos. Conocer y entender nuestro patrimonio ayudará a su conservación, porque el pueblo que sabe lo que tiene a poco listo que sea lo conservará orgulloso. Y dentro de nuestra provincia, Aliste es un compendio perfecto de paisajes naturales, arquitectónicos y humanos de primer orden, un lienzo donde se reflejan todos y cada uno de los elementos indispensables para desarrollar actividades culturales a través de las cuales podemos interpretar perfectamente la historia más reciente de estas tierras.
El patrimonio arquitectónico alistano, esquilmado durante tantos años por ruinas, nuevas construcciones de muy dudoso gusto y el desinterés de los propios vecinos e instituciones, conserva, no obstante, rincones y elementos de auténtica valía que debemos cuidar para continuar la correa de transmisión de generación en generación; entre todos estos elementos patrimoniales he elegido el calvario de Rabanales, probablemente, junto al más conocido de Bercianos, la pieza más interesante de la religiosidad popular en estas tierras en su estilo. Desde la iglesia de San Salvador hasta las eras del cementerio se condensa buena parte de los valores más hondos del pueblo alistano: la piedad, la fe, el ejemplo de Jesús en su etapa más humana: su muerte. La elección no ha sido caprichosa, el calvario de Rabanales es uno de tantos elementos arquitectónico (religioso en este caso) olvidado a su suerte ante la más absoluta dejadez de todos nosotros. Por ello, quiero reivindicar que prestemos atención a estas pequeñas partes de nuestra historia de las que todos presumimos pero muy pocos conocemos.
La historia de este calvario es relativamente reciente y está íntimamente unida a la persona de don Domingo Puelles y Rodrigo que se hizo cargo del curato de Rabanales el día primero de enero de 1814, don Rodrigo descendía de una familia hidalga de Alcañices. Nada más tomar posesión realizó un exhaustivo inventario de todos los edificios religiosos del pueblo y de las pertenencias y alhajas que cada uno tenía; en principio fue uno de tantos inventarios pero lo que lo diferencia de otros es el deseo del cura de poner orden en la caótica situación que encontró (debemos recordar la inmediatez de la Guerra de la Independencia con todo el rosario de destrucciones y desaparición de bienes de las iglesias, incautados muchas veces por los concejos para hacer frente a los gastos de guerra). Siete días más tarde se puso manos a la obra y solicitó licencia al vicario general de las Vicarías de Alba y Aliste para ensanchar la ermita de los mártires San Fabián y San Sebastián que estaba en el camino de Alcañices, aprovechando la piedra de las otras tres ermitas que se encontraban prácticamente derruidas: San Bartolomé y Santiago; San Andrés y San Alfonso y la ermita de la Veracruz. Con anterioridad, en la visita de 1795 se mandó utilizar la piedra de la ermita de la Cruz para hacer una panera, pues con las otras tres ermitas que había en el pueblo sobraba para celebrar las funciones de rogativas. El interés del párroco en ensanchar la ermita de los Mártires era para que pudiera servir de ayuda de parroquia en caso de necesidad y colocar en ella, con la decencia debida, las efigies de los santos mártires, muy venerados en toda la comarca alistana, que en ese momento estaban en la iglesia parroquial. A su vez, solicitó construir entre la ermita y la iglesia parroquial un calvario de piedra que sustituyera al de madera que había en las "eras grandes" del camino de Mellanes.
Elemento etnográfico
El vicario general, don Luis Casaseca, concedió la licencia para "la reedificación de la ermita de forma que pueda suplir de ayuda de parroquia en casos de necesidad..." mediante auto del 11 de noviembre de 1815; en él se facultó al cura para que permutara las eras que pertenecían a la Iglesia por el terreno contiguo a la ermita. Ese mismo año, de forma previsora, se había cortado y serrado la mayor parte de la alameda que tenía la Iglesia junto a la fuente, para utilizarla cuando se hicieran dichas obras. A pesar del interés del párroco, el ensanchamiento de la ermita de los Mártires nunca llegó a realizarse, solamente se retejó "poniéndose la cerradura para dejarla útil para almacén de tejas y maderas por ahora..." (año 1817); en la visita realizada dos años más tarde se insistió en la necesidad de su reedificación pero todo quedó en el olvido. Sin duda alguna el periodo que va desde 1790 hasta 1820 fue nefasto para el patrimonio religioso de Rabanales pues en ese periodo de tiempo se perdieron irremediablemente sus ermitas, utilizándose sus piedras para nuevos usos (por ejemplo la piedra de la ermita de Santa Catalina se reutilizó para construir una panera y un huesario para la iglesia). Aunque la ermita de los Mártires continuó en pie por algunos años nunca más se realizó función alguna en ella.
Mejor suerte corrieron las obras del nuevo calvario, pues se comenzó en 1816, concluyéndose el 17 de septiembre de ese mismo año. En ellas se utilizó piedra de cantería procedente de Fornillos de Aliste, poniéndose "...cada cruz y peana enterizos bien labradas y pintadas al óleo, con un canapé también de piedra a las tres cruces que se colocaron en medio de dicha era pequeña..." (canapé es un banco a manera de escaño con un respaldo para acostarse junto a la lumbre, Diccionario de Autoridades). El coste total de las obras ascendió a 4.152 reales.
En la actualidad y a pesar de la desaparición de varias de sus cruces, este vía crucis es un elemento etnográfico de primer orden y uno de los conjuntos religiosos más interesantes de la comarca alistana; pero, a consecuencia del olvido en el que lleva desde hace varios años está pidiendo a gritos labores de consolidación de las cruces y su realce eliminando todos los elementos externos que lo despersonalizan. Sin duda, el más impactante es el acopio de materiales de construcción junto al calvario que imposibilita su contemplación sosegada y hace muy difícil que el visitante se lleve buen recuerdo de él.
Por ello y dentro de mis posibilidades invito al ayuntamiento de Rabanales y a la empresa en cuestión para que lleguen a algún acuerdo que permita la puesta en valor del calvario y pueda lucir con la gallardía que merecen sus tres cruces y su canapé, labor que ha de extender el ayuntamiento al resto de cruces convirtiendo la calle que nos conduce a la iglesia parroquial en punto obligado de visita, mediante una sencilla señalización, para todo aquel que va a Rabanales; visita que ha de acompañarse a su iglesia renacentista, al museo etnográfico y al centro de interpretación micológico. Si esto nos parece poco podemos callejear por el pueblo observando antiguas construcciones alistanas, incluido algún palomar en las afueras. Y si, al caer la tarde, nos encontramos con el regreso de la vacada al pueblo habremos sido testigos de la vida y el transcurrir diario de un pueblo alistano llamado Rabanales. Después de esta pequeña descripción de parte del patrimonio de un solo pueblo debo terminar reconociendo las inmensas posibilidades de Aliste y de los alistanos para subirnos al tren del desarrollo endógeno, sin duda más reconfortante que el tan esperado AVE.

Foto: El Calvario de Rabanales rodeado de materiales de construcción.

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