El patrimonio de Castilla y León

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lunes, 12 de noviembre de 2007

La destitución de José Navarro Talegón (4)

LA DESTITUCIÓN
Por Paco Antón
La Opinión de Zamora, 12 noviembre 2007
Vale. Veintiocho años en un cargo son muchos, aunque se ejerza de forma vocacional y sin cobrar un duro. Parece que siempre hay riesgo de apoltronarse, de dejar correr las cosas, de caer en la rutina e incluso de alienarse. Pero es que el profesor Navarro Talegón, destituido como comisionado provincial de Patrimonio por la Junta, estaba ahora realizando su cometido como si fuera el primer día, con idéntica ilusión, con desinteresada entrega, con la misma fuerza reivindicativa que cuando llegó, con los mismos objetivos y con las mismas dosis de diplomacia y vaselina en sus denuncias, por lo menos en lo que trascendía a la prensa, ya que, según parece, en sus intervenciones en el seno de la Comisión Provincial de Patrimonio no se mordía la lengua y era aún más duro. Precisamente estos días abanderaba el clamor general para que los poderes públicos intervengan de una vez en la conservación de la Colegiata de Toro, petición tan justa que hasta el delegado del Gobierno regional en la provincia salió a anunciar que en 2008 se acometerá la restauración completa de la basílica toresana. Antes, el comisionado José Navarro se quejó amargamente de la oportunidad perdida para Toro que supuso la Exposición de Arte Sacro "Legados" (una maravilla con poco que envidiar a las muestras de las Edades), por la escasa ayuda recibida de la Junta. Y en esa línea, años lleva denunciando que su ciudad y toda la provincia merecen más atención presupuestaria en cuestión de patrimonio que la prestada hasta ahora. Para Toro pedía un trato similar al dado a ciudades parejas, como Tordesillas o Burgo de Osma. Y, últimamente, ya se conformaba con que la Consejería de Cultura tuviera algún detalle con el valiosísimo patrimonio histórico-artístico toresano, cuyas cifras de inversión, las oficiales, son casi de juzgado de guardia.Con esos precedentes tan cercanos, es obvio que su destitución no obedece ni a los veintiocho años que llevaba siendo la voz crítica e independiente ni a la renovación de cargos que vendría impuesta por un nuevo reglamento. En otras circunstancias, quizá ambas cosas fueran argumentos suficientes y hasta convincentes.

Pero en este momento el repentino despido de Navarro Talegón, "agradeciéndole los servicios prestados", faltaría más, sólo tiene una lectura política. Y no es porque esta explicación la sugiera el propio afectado, sino porque desde que se dio la alarma sobre el estado de la Colegiata, hubo responsables públicos aludidos que no dudaron en "demonizar" públicamente al comisionado y, como escribí el otro día, en colgarse sambenitos ideológicos. Una forma de preparar el terreno y de autojustificación de aquellos que todo lo pasan por el tamiz de los intereses del partido. O estás conmigo o contra mí, no hay términos medios. (Y que conste que conozco al historiador toresano de cuando iba con sus cuitas culturales y sus denuncias por El Correo de Zamora de Sixto Robles y del Estado. José Navarro tiene de rojo ideológico o militante lo que yo de obispo de Astorga. O menos).

Es inútil evocar ahora la trayectoria profesional de Navarro Talegón o recordar los monumentos toresanos que salvó de la piqueta con su combativa gestión. Seguro que desde la Fundación González Allende, desde su puesto docente o allí donde esté, seguirá siendo el defensor número uno del patrimonio cultural de su pueblo, de Toro. Y no dudará en cantarle las cuarenta al Gobierno que descuide este legado histórico, con independencia de la adscripción política de los mandones.

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