San Pedro de Eslonza
Un año después de que los propietarios donaran San Pedro de Eslonza, Gradefes prepara su rehabilitación.
Verónica Viñas
Fomento destinará 176.127 euros a consolidar las ruinas del monasterio de San Pedro de Eslonza, declarado Monumento Artístico en 1831 y adquirido en 1880 por el asturiano Juan Francisco Calderón, hermano de uno de los últimos benedictinos del monasterio situado a 17 kilómetros de León. Junto a la partida aprobada por el ministerio, con cargo a los fondos que se generan para el 1% Cultural por la contratación de obra pública, hay que sumar otros 58.710 euros que aportará el propio ayuntamiento de Gradefes.En total, 234.837 euros para salvar los últimos vestigios del que fue el segundo monasterio benedictino más grande de León, tras el de Sahagún. No habrá reconstrucción. El objetivo es salvar las ruinas que han sobrevivido al tiempo y los expolios.
El declive de San Pedro de Eslonza, fundado en el año 912 por el rey García I de León y destruido por Almanzor en el 988, reconstruido luego en el siglo XVI con tres nuevas portadas renacentistas y un claustro, comenzó a fraguarse en el siglo XIX, con la desamortización de Mendizábal. Durante años fue víctima de los saqueos. San Pedro de Eslonza es, además, la historia de una saga familiar asturiana que fue recibiendo este legado, de generación en generación, como una pesada carga.
Petra Calderón hereda el monasterio a la muerte de Juan Francisco Calderón y prácticamente se desentendió de él, ocupada en sus múltiples propiedades en la vecina Asturias. Es su hijo Felipe Álvarez-Estrada quien se lo queda, tras comprar la parte de su hermano por 40.000 reales. Álvarez-Estrada, que llegó a ser concejal de Gijón por Izquierda Republicana, acabó en la cárcel tras la Guerra Civil. Al salir de prisión, sin trabajo y marcado por su pasado político, acuerda con el párroco de la iglesia de Renueva, Eladio Tejedor, vender por 100.000 pesetas las piedras de los dos pórticos del monasterio para integrarlos en la fachada de la iglesia de la capital, que, sin embargo, nunca ha tenido la grandiosidad de Eslonza.
El cura de Renueva jamás pagó lo acordado y tarda diez años y no dos en extraer la piedra del monasterio. Fue la ‘puntilla’ para Eslonza, que perdió definitivamente el esplendor que aún conservaba. El 14 de diciembre del año pasado, los sucesores de Álvarez-Estrada cedían la titularidad del monasterio al ayuntamiento de Gradefes.
En busca del pasado.
Curiosamente, pese al lamentable estado de conservación en el que se encuentra desde hace décadas San Pedro de Eslonza, el inmueble no aparece en la Lista Roja de Hispania Nostra, que sí ha incluido en este ránking ‘de la vergüenza’ los monasterios leoneses de San Juan de Montealegre, San Pedro de Montes, Santa María de Trianos y Santa María de Nogales.
Hace tres años una brigada de miembros de la asociación Promonumenta y presos de la cárcel de Mansilla limpiaban de maleza el monasterio de Eslonza, donde llegaron a residir dos de los ilustrados españoles más famosos, Jovellanos y el padre Feijoo. La alcaldesa de Gradefes, que también se puso a la tarea de limpiar el cenobio, expresó entonces su deseo de convertir Eslonza en un gran auditorio al aire libre «al estilo del teatro romano de Mérida».
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